Séptimo punto de fuga: “La Muralla”, de Josep Maria Beà

Los colores lilas del cielo me engatusan como si fuesen un ovillo de lana. Los peces que vuelan por el cielo me parecen sospechosos. Hay un montón de seres en este barco y ninguno parece provenir de donde yo vengo. No sé en qué año estoy ni cómo he llegado aquí. Soy humano, a diferencia de los tripulantes de la nave. Miro al cielo naranja que se funde con el azul y el lila del mar que no es mar, porque no lleva agua. Pero sí que parece un barco. Tiene la forma de un barco.

La gente se pelea en cubierta. Veo un gato con una gorra ir a su bola, reflexionando sobre sus recuerdos, soñando como siempre hace. Se encarga de la vigilia, de avisar si encontramos tierra o aire o plantas. Lo que sea que no sea esto. Algo más que peces y un mar falso. Pero no hay nada, o eso dice el gato. Un humano no está de acuerdo y pierde la compostura. Pero los gatos, que parecen seres inofensivos, tienen uñas, y la cosa se vuelve un pelín más oscura.

La violencia se desata en un barco que está hecho de piedra. ¡De piedra! Me pregunto cómo flota un barco de piedra. Me pregunto en vano, pues tampoco es agua lo que se avista. Pero el barco está hundido, por tanto y en principio, es de piedra pero flota. Sigo preguntándome qué hago ahí. Todos lo hacemos.

El hecho de haber llegado a abrir un cómic con una de las portadas más perturbadoras que he visto, ha sido una fortuita casualidad. Conocía a Beà desde joven gracias a mi padre y siempre me había fascinado. Su imaginería visual es tan potente, que a mí no me queda otra que rendirme una vez me ventilo cada una de las páginas. Y es que, como este análisis, “La Muralla” es incomprensible y a la vez certera en su mensaje. Un guión lógico dentro de una locura enfermiza. Y, sobre todo, una sonrisa cada vez que veo elementos caníes entre ciencia ficción a la altura de Cronenberg: paellas, celtas y algún acento quinqui.

Siempre he sido más de perros, que de gatos. Por eso, esta muralla, la que separa las razones por las que elijo ser quien soy, es tan grande entre Josep Maria Beà y yo. Solo así soy capaz de no acabar con dolor de cabeza al intentar entender qué me quiere contar en esta locura llamada La Muralla (trilita ediciones).

 

Author: Ángel Abellán

Siempre se me ha dado mal tratar con perspectivas. Se suponía, o eso me contaron, que los puntos de fuga te ayudan a no perderte. Pues mis puntos de fuga son varios: escribo guiones para cómics, colaboro con numerosas publicaciones como Principia Magazine o C'mon Murcia! y, además, soy investigador del CSIC.

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