Quinto punto de fuga: “Ordinary”, de Rob Williams y D’Israeli

Siempre he tenido una relación de amor-odio con los superhéroes. De hecho, es posible que esta sea una de las tres únicas reseñas en las que hablaré de súper poderes, súper hombres o súper cosas en general. Es más, es que esta historia habla precisamente de un tío que no tiene súper poderes pero que se acaba convirtiendo en el tío más particular del planeta. Sí, imagina que eres un fontanero divorciado y calvo y que, de un segundo a otro, todo el mundo tiene poderes sobrehumanos… menos tú.

Es curioso, porque no es una idea nueva. Quiero decir, Batman, One punch man, Iron-Man o el jóker. Muchos personajes poderosos y molones no tienen poderes y aún así son personajes insignia de sus respectivos multiversos. Pero hay que ser muy pragmático para cepillarte con una simple idea cualquier atisbo de epicidad, volver a la vida real y representar a un pobre desgraciado en un mundo de súper héroes. Que ni está loco, ni tiene dinero, ni tiene ganas de salvar al mundo. Que ya tiene bastante con salvar su culo y pagar sus facturas. Que más que bastante, tiene demasiado.

Batman, cabrón, te reto a que pases una semana en la piel de un divorciado aún enamorado y con un hijo. A ver qué hostias hacías con tanto gadget. Ay es que estoy loco y todo es muy oscuro y mis miedos me frenan pero los murciélagos serán mi bandera y el jóker es mi enemigo y también lo necesito y tal. SOCIO, TÚ NO SABES LO QUE ES OSCURIDAD PORQUE NUNCA TE HAN CORTADO LA LUZ.

Dios, es que me pongo de los nervios. Alguien tenía que decirlo, que la vida es así. Me parece brillante cambiar el discurso de “tío es que Spiderman mola porque se equivoca y tal”. U-N-A M-I-E-R-D-A (y Spiderman es mi personaje favorito). Spiderman no sabe lo que es equivocarse. Ningún personaje de Márvel ni DC sabe lo que es lidiar con lo que lidia Michael Fisher. La idea de Stan Lee era cambiar lo extraordinario y convertirlo en ordinario para acercarlo al público de una forma más sincera. La idea de Rob Williams y D’Israeli es mucho más certera: todo lo que era ordinario se vuelve extraordinario para que lo ordinario ahora, sea lo único extraordinario. Y añado más, yo mismo me he sentido así cuando he visto que todo el mundo a mi alrededor avanzaba y yo me estancaba. Sentía a todo el mundo superior, más alto, más listo y más guapo. Y joder, creo que es normal, ¿no?

Las páginas de Ordinary (Grafito Editorial) están llenas de amplios planos donde los autores lo gozan petando la ciudad de destrucción, fuego y dragones. Al final, cómic se convierte en un gozo friki y tardas un poquito en pasar la página porque hay detalles en los que pararse en cada una de ellas. Pero lo verdaderamente meritorio del asunto es haber conseguido una trama que emociona por la cercanía. No hay un malo. Hay muchos buenos. Y lo único que importa es recoger a un hijo o recuperar a una esposa.

El malo, creo yo, es simplemente la puta vida. Y tiene mala hostia.

A ver si te enteras, Batman.

 

Author: Ángel Abellán

Siempre se me ha dado mal tratar con perspectivas. Se suponía, o eso me contaron, que los puntos de fuga te ayudan a no perderte. Pues mis puntos de fuga son varios: escribo guiones para cómics, colaboro con numerosas publicaciones como Principia Magazine o C'mon Murcia! y, además, soy investigador del CSIC.

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