Primera mujer de fuga: Cristina Durán y una posibilidad

Camino a Madrid me embarga la preocupación por ciertas cosas que no van como deberían. No sé si algún día alcanzaré según qué meta, o si llegaré a saber qué es ser feliz. No tengo dinero para comprarme un ordenador y, encima, mi última publicación ha tenido un feedback terrible. No gustaré como escritor, será…Read moreRead more

Primer guión de fuga: La mosca cojonera

¿Cómo empieza uno a escribir guiones? ¿Por qué? Yo pensé (como tantos) en escribir un relato con «La mosca cojonera». Tenía mil premisas y mil escenas divertidísimas, pero tal vez el 10% de la paciencia que requería escribirlas. Puede que me encantase una escena cuando se me ocurría mientras conducía, pero luego, a la hora de narrarla… me aburría soberanamente. Yo quería describir la historia, no contarla. Quería avanzar a la siguiente escena rápidamente, antes de que esa pulsión que sentía y que tenía muy de vez en cuando se esfumase. La visualizaba, no la veía con palabras. Tenía musicalidad, movimiento, colores, personas, dibujos. Escribir prosa es algo tan difícil que duele, y requiere de una paciencia de la que los críos como yo, Mike o Dani carecemos. Supongo que por eso nos hacemos guionistas.

Mike crea guiones para cortos volátiles de amor que siempre vienen a significar lo mismo de formas distintas. Que el amor es una mierda pero que sin esa mierda a ver quién iba a escribir guiones.

Dani crea guiones de humor intentando parecerse a los más grandes, a Louis CK (creo que por él me llama para colaborar) o a Seinfield, pero en Murcianico.

Yo intento crear guiones para cómics. Lo hago porque cuando escribo horteradas como pianos, sentimentalismos de mierda, cosas cursis rozando el vómito… caigo en la cuenta de que, al contrario que escrito, podría quedar jodidamente bonito en un dibujo. Y «La mosca cojonera» es el ejemplo que me demostró que así era.

Escribir guiones, sin embargo, es complejo. A cada escena te preguntas cuál es la posición correcta para colocar la cámara. Luego te das cuenta de que te estás excediendo en las florituras visuales. Luego relees tus diálogos y piensas «madre mía, que hostia tengo a veces»: Luego te dicen que lo mejor es no crear planos simétricos. Luego ves alguna película de Wes Anderson y te cagas en la puta. Luego te rayas y piensas que tu guión es una mierda. Y cierras el ordenador. Y te largas.

Y en el coche te pones música en inglés  cuya letra puedas interpretar un poco a tu rollo y, de repente, ahí está. LA PUTA ESCENA OTRA VEZ. Te la empiezas a imaginar, te partes el culo o te emocionas (si lo piensas, menudo desquicie supone reírte de algo que ni siquiera has llegado a crear). Decides guardarlo en ese cajón de ideas donde se te han acumulado, yo que sé, 10 guiones ya.

Vale, pero entonces insistimos, ¿por qué nos empeñamos en hacer guiones?

Bueno, la respuesta es una mierda. La respuesta es porque es lo que nos llena. Antes he dicho que escribir prosa duele. Pero escribir guiones jode que te cagas (al fin y al cabo, somos un poco menos sutiles), porque muy pocas veces tus guiones llegarán a ser serie, corto o peli. Es como dar a luz a un montón de hijos muertos. ¡Qué exagerado eres! Me puedo permitir serlo porque, a diferencia de Mike y Dani, he elegido un medio portentoso, un medio sin límites de presupuesto. Puedo hacer que a la señora que vive justo enfrente le reviente la cabeza. Puedo reventar el piso entero de la señora. O el edificio donde está el piso donde vive la señora. O la ciudad donde está el edificio donde está el piso donde vive la señora. O el puto mundo entero si me da la gana.

O puedo hacerle un homenaje a mi abuela exactamente como lo pensé cuando me dí cuenta de que solo tenía recuerdos de hace treinta años: «Joder, ojalá pudiese darte los recuerdos que quisieses e incluirme a mí en ellos, ya que estoy». Y con un dibujante dispuesto a soportar mis asfixiantes indicaciones (gracias, Ventu), acabamos creando nuestro primer cómic y ganando nuestro primer pequeño premio.

Todo lo demás, ya sabéis, Mike, Dani, es cuestión de esas cosicas que tanto rondan vuestra cabeza: de un conflicto, de un nudo y de un desenlace.

 

«La mosca cojonera»

Guión: Ángel Abellán.

Dibujo: Ventura Sánchez.

Premio Accésit en concurso CREAMURCIA (2016)

 

 

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