Primer punto de fuga: “Blankets”, de Craig Thompson

 

Puedo llegar a comprender a una mayoría que asocia el cómic con un frikismo rancio de aspecto desarreglado y problemas de madurez. Es normal, los tópicos inundan este lenguaje, tanto dentro como fuera de sus círculos. Pero lo cierto es que me he aficionado a descubrir novelas gráficas que tratan temas peliagudos con ese estilo naif tan encantador que caracteriza a nuestra generación. Novelas gráficas que hablan del amor y la guerra sin tener ni puta idea, pero con una pulsión de sentimientos inocentes que explota cada diez páginas.

No me extraña, ya os digo, que se asocie la novela gráfica con Spiderman. Adoro a Spiderman, soy muy fan, pero el último cómic que me he leído en una tumbona de la piscina de un hotel de Granada, tenía 600 páginas, pesaba poco en las manos, mucho en el pecho, y evocaba de forma irremediable a una de las películas de mi vida: “500 días juntos“. Junto a mí, tumbona con tumbona, una chica de tez similar a la protagonista de “Blankets”(Astiberri, 2ªEd., 2015) devoraba una novela feminista con la esperanza de terminar de comprenderse.

He pensado mucho en lo que relata Blankets. También en el significado de la palabra “Blankets”. Puede significar manta, aunque también puede significar refugio. Un lugar seguro. Aquel lugar en el que sientas que puedes llenar de oxígeno el pecho. Es ese sitio en el que no necesitas bostezar profundamente para tener la sensación de que los pulmones se han llenado completamente. Es justo en esa zona donde no tienes la sensación de respirar con asma sin ser asmático.

Puede ser una manta. Un bosque lleno de nieve.

Un cine.

 

 

Para él era ella. O lo que acababa siendo una extensión de ella: una manta. Una manta que tiene la capacidad nada desdeñable de cambiarlo todo. Esa manta que te hace dejar de creer en el cristianismo porque rechazar ese cuerpo desnudo es rechazar la obra de Dios más perfecta que él haya visto. Una manta que se acaba convirtiendo en un símbolo que se acaba convirtiendo en un refugio y que se acaba convirtiendo en el más puro dolor cuando esta manta significa ella y ella ya no significa una vida juntos.

Creo que en el fondo Blankets va de comprenderse. El problema que tiene la vida es que uno tarda demasiado en hacerlo, y ha de pasar por ciertas experiencias dolorosas de forma obligatoria. Son transiciones sin esquiva posible. Como un peaje, primero coges el ticket y todo apunta a que, más adelante, te lo van a cobrar. Pero tú sigues, sigues, sigues y sigues, no te desvías y al final llega el segundo puesto y te clavan 16,46 eurazos. Que tú sabías que eso iba a pasar. Que lo sabías cojones, y encima te sorprendes y exclamas un “¡Hostia puta, qué robo!” y te pones a llorar y quemas todas sus cosas y te tienta llamarla pero no lo haces y al final te llama ella pero como amiga y al final, al final esa puta manta acaba pareciendo algo muy distinto a una manta. Algo radicalmente distinto a un refugio.

Así que es hora de deshacerse de la manta, pero te engañas y por “deshacerse de la manta” entiendes “meterla en una bolsa de basura negra y esconderla en la habitación más recóndita posible de la casa de tus padres donde sabes que, cuando te sientas terriblemente mal, podrás volver a convertirlo en tu refugio“. O al menos eso hace Craig Thompson, que narra su vida en blanco y negro para resaltar la nieve y el frío, los silencios largos, con esos trazos simpáticos y respetuosos, alejados del feísmo, con los que respetar a un personaje que, al fin y al cabo, fue y será el primer amor de su vida.

Yo no guardo recuerdos materiales de mis antiguos amores. Mis refugios siempre fueron los lugares donde nos reíamos con fuerza y, ahora… ahora, bueno. Ahora saco mi narcisista cabeza de Blankets y la vuelvo a mirar. Ella levanta su nada narcisista cabeza de su novela para mirarme a mí. El sol nos ilumina y el albinismo que sufrimos ambos nos obliga a tomar una decisión rápida.

  • ¿Nos damos un baño?

En Granada hace un calor de mil demonios y sin embargo el agua está congelada, la piscina cubre demasiado, el suelo resbala, hemos sufrido mil altercados y encima no hay una sala de cine cerca. Me sorprendo, a pesar de todo, respirando hasta llenar los pulmones sin tener que bostezar.

Y empiezo a comprender que mi refugio se mueve, respira hondo con dificultad y tiene la piel más blanca que he visto en mi vida, después de la mía.

 

“Qué satisfactorio resulta dejar tus huellas en la superficie blanca.

Hacer un mapa con tus pasos.

Sin que nada más importe.”         

 

 

 

Author: Ángel Abellán

Siempre se me ha dado mal tratar con perspectivas. Se suponía, o eso me contaron, que los puntos de fuga te ayudan a no perderte. Pues mis puntos de fuga son varios: escribo guiones para cómics, colaboro con numerosas publicaciones como Principia Magazine o C'mon Murcia! y, además, soy investigador del CSIC.

4 thoughts on “Primer punto de fuga: “Blankets”, de Craig Thompson”

  1. Ángel … Me encantó, mucho ánimo y espero seguir leyendo mucho más, yo sé que tienes mucho por contar y compartir y lo mejor es que lo sabes escribir de una manera genial! …. Saludos desde Xalapa, Veracruz, México 😉

    1. ¡Muchas gracias, Libia! Siempre fuiste un gran apoyo mientras estuviste por aquí, y ahora lo sigues siendo desde la distancia. Espero verte pronto. Un abrazo muy muy fuerte desde el infierno Murciano mexicana loca 🙂

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