La maravillosa hazaña de Hedy Lamarr


Sería un domingo por la noche cuando recibí un correo de Grafito por el que descorché una botella de cava que tenía para un momento especial como ese. La botella de cava tenía ya un tiempo y, si os soy sinceros, mi tendencia natural al auto-desprecio me hacía pensar que jamás la abriría (a no ser que la intención fuera beber mientras lloro y grito improperios incomprensibles al aire). Pero un domingo por la noche, de no hace muchas noches, ya os digo que abrí la botella.

“¿Pero de qué cojones estás hablando?¿Esto no iba de un cómic sobre Hedy Lamarr?” Se preguntará más de uno. Tranquilidad. Yo escribo guiones. Guiones para cómic. Pero también soy tecnólogo de los alimentos y agrónomo. Estudio las plantas que te comes. Las estudio antes de que las devores cruelmente y las estudio después de que lo hagas (adivina cuál es la parte más bonita y cuál la más escatológica). Intento ser doctor y, cuando el tiempo o el sueño me lo permite, me tomo el lujo de escribir unos renglones para ver si, al juntarlas, dan como resultado una escena que merezca la pena para un dibujante.

“¿Pero quieres parar y hablarnos del cómic?” A ver, hablemos antes de casualidades. La ciencia dice que las casualidades no existen. La lógica habla de aleatoriedad y azar, caos y entropía. Nada ocurre por algo y todo tiene una consecuencia más o menos impredecible. Pero claro, cuando llego a casa, tengo la manía de poner una lista de Spotify e intentar contar una historia y, a poder ser, emocionarme. Y me dejo llevar. Y esto… puede no ser muy científico. Puede, digo.

Vale tío, me rindo, no hables de Hedy Lamarr si no quieres.” Os cuento: Lamarr era actriz, una con talento y futuro. Pero no podía dejar de inventar, ¡de inventar! De leer, de investigar, de interesarse por el mundo y su funcionamiento. Como cuenta Vilbor, Lamarr necesitaba la ciencia para respirar. Y sin embargo nunca dejó de actuar. Y yo no puedo dejar de preguntarme si no se trata de una casualidad que estos meses atrás me haya preguntado una y otra vez si es posible compatibilizar aficiones tan dispares y, justo ahora, llegue a mis manos este cómic. Un cómic de una editorial que me ha ayudado a confirmar que, por el momento, no voy por mal camino.

Creo que ya se percibe la conexión. El cómic de Lamarr me ha gustado por muchos motivos. Vilbor hila una historia que mezcla sin mezclar la parte divulgativa y la parte trepidante, dos caras de una misma moneda que serían muy distintas si no fuese porque hablamos de una mujer tan particular y decisiva para la Segunda Guerra Mundial como fue Lamarr. Y no lo voy a negar, me habría gustado un desarrollo de personajes más pausado y extenso y, tal vez, menos acción, pero aquí la intención era aprender divirtiéndose y, joder, se consigue con creces (amén a esa escena en la que los héroes usan lámparas como granadas incendiarias).

Hablando de acción, Muñoz es un dibujante curioso. Su estilo es infantil y despreocupado. Pero qué bien se entiende y qué efectivo es a la hora de narrar. Es cierto que, junto al color de Pajares, consigue todo lo que se propone. Aunque tengo un problema: me ha gustado tanto lo poquito que he leído en blanco y negro, que me quiero quedar ahí hasta la última página. Pero esto va a toda hostia, no hay tiempo de descansar. El ritmo, EL RITMO CORRE QUE SE LAS PELA.

No sé, no debería creer en las casualidades, pero que Grafito haya llegado a mí justo en estos momentos de incertidumbre existencial, que haya llegado con este cómic recién parido sobre la dualidad de las cosas y la maravillosa hazaña de querer demasiado de la vida (y eso incluye ser una mujer libre, sueño ambicioso donde los haya), que en todo esto haya ciencia, guionistas y cómics y todo se junte y Guillermo y Yolanda me animen a utilizar todo esto como arma arrojadiza, pues joder, no puede ser una coincidencia. O sí. Pero en serio, a todo el mundo que siempre pensó que todo en esta vida es tomar un camino u otro, a todo el que decidió tirar por el camino del centro (que no era camino ni era nada, solo piedras y baches), y afrontó las catastróficas consecuencias de su acto, ánimo. Ánimo, hostia, que lo vale. O no. No lo sé, pero siempre será mejor pensar y creer que sí. Porque, ya sabéis, solo así…


cambiaremos el mundo.

Si queréis comprar el cómic (y queréis): https://www.grafitoeditorial.com/shop/objetivo-hedy-lamarr/

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