Cuarto punto de fuga: Inercia, de Antonio Hitos

Si lo piensas un poco, la inercia puede ser la gasolina de los perdedores. La gasolina con la que se mueven los ganadores suele ser la fuerza de voluntad, la ilusión, el optimismo y esas mierdas. Pero eso forma parte de otros tiempos, cuando el país en el que vivías no se esforzaba al máximo por hacer la vida imposible a sus jóvenes. Ahora lo más típico es que la inercia sea nuestra gasolina. Ya sabéis, el combustible con el que levantarse puede ser ese: lo haces sin pensar (porque como pienses… JODER) y te acuestas a dormir. Punto y final.

Por inercia, así actúan los protagonistas de la novela gráfica de Antonio Hitos. Inconscientes, descerebrados, sin movese más de lo justo para no salirse de la línea establecida y caer en la desesperación. Hitos ha comprendido desde la perspectiva que te da la madurez, que ser joven es básicamente eso, actuar sin consciencia y sobrevivir un día más. Lo que viene siendo vivir en la desidia. En esos trabajos alienantes que realizas por inercia. Eso si es que tienes trabajo, claro.

Por inercia uno se sienta en el ordenador y abre infojobs esperando encontrar algo que te saque de ese círculo vicioso mental en el que has entrado. Por inercia despegas de la silla a propulsión, te vas al espacio, das cinco volteretas para coger la suficiente fuerza centrípeta como para caer de nuevo en la Tierra en forma de meteorito destructivo hasta justo la silla en la que estabas sentado y en la que buscabas en infojobs por inercia. Pero oh, mierda, tu viaje al espacio ha durado demasiado. Es la hora de comer y no has hecho ABSOLUTAMENTE NADA.

Y así, Hitos repite viñetas una y otra vez de forma secuencial para que, al leer Inercia (ganadora del VII premio internacional de novela gráfica Fnac-Salamandra Graphic), sintamos esa terrible sensación de reiteración y, acto seguido, hacernos despegar, fagocitarnos o reconvertirnos en un ojo gigante. Porque no hay peor sensación ni enemigo de un joven que vive en este país, que el de dejarse conquistar por la inercia. Ya sea en pareja, ya sea trabajando en Fnac o en una fábrica: no hay peor sensación que la de sentir que el lunes es igual que el martes, o que el martes es igual que el miércoles y el jueves, o que Marzo es exactamente igual que Febrero.

Repetimos, repetimos, repetimos. Repetimos. Repetimos. Y a morirse.

Hay un momento en Inercia en el que un señor pregunta a Juan, el dependiente y protagonista de esta historia, si tienen algo de un director llamado Luca Diamati. Tras la negativa, el cliente insiste e insiste. Al final Juan acaba descubriendo que se trata de un director de cine porno, y le informa de que no se vende porno en esa tienda. Pero el cliente se niega a dar por hecho que no lo venden. Pues yo creo que la vida al final es así: hay que soportar a un montón de gilipollas, que vienen en fila (en serio, cuando te libras de uno pasa el siguiente), y que siempre parece el mismo puto desafío pero con caras distintas.

Antonio Hitos, antiguo fanzinero, ha clavado la vida con Inercia.

¿Repetimos o qué?

 

Author: Ángel Abellán

Siempre se me ha dado mal tratar con perspectivas. Se suponía, o eso me contaron, que los puntos de fuga te ayudan a no perderte. Pues mis puntos de fuga son varios: escribo guiones para cómics, colaboro con numerosas publicaciones como Principia Magazine o C'mon Murcia! y, además, soy investigador del CSIC.

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