Cinco cómics para los no-lectores del verano

Hay lectores que son no-lectores. Me refiero a los que son el equivalente de los no-lugares. Sí, los “no-lugares”, ya sabéis, esos sitios que no terminan de ser sitios. Sitios de tránsito, lugares de paso, de nadie. Los no-lectores son eso, lectores que leen en no-sitios. En aeropuertos mientras esperan el avión, en salas de espera de cualquier doctor (mi lugar preferido para leer, sin duda), en la playa frente al mar cuando el maravilloso no-hacer-nada se presenta para salvarnos…

El verano es momento para los no-lectores y también para los lectores que se vuelven no-lectores. Y es que no es lo mismo leer en casa tras una jornada laboral, que hacerlo sentado en una hamaca de esa casa de campo en la que no tienes absolutamente nada más que hacer que eso: leer. Y por eso siempre diré que prefiero el verano al invierno, porque en ningún otro momento puedo sobresaturar mi mente de viñetas al intentar ventilarme de golpe, frente a una piscina de Granada, un volumen como “Blankets”. Solamente por eso, he creado esta lista con mis recomendaciones, que a su vez está basada en mi lista de no-lecturas de cuando me vuelvo un no-lector obsesivo.

1. Lo que más me gusta son los monstruos (Reservoir Books, 2018)

Lugar en el que lo leí: en el coche arrancado para no perder el aire acondicionado.

Es un cómic tan, tan grande, que puede no resultar la idónea no-lectura. Pero que su engorroso transporte no os engañe: Emil Ferris a la orilla de la playa debe ser una experiencia cuasi-orgásmica. Tampoco os dejéis engañar por la portada de serie B, o sí, hacedlo, porque así tal vez os llevéis el mismo punch que me llevé yo ante cada dibujo de Anka. O ante su historia en la segunda guerra mundial. Eso sí, no esperéis una lectura de una jornada, más que nada porque cada dos por tres, os sorprenderéis ensimismados observando una ilustración hecha con bolis de Ferris, a doble página, mientras un hilillo de babilla se desliza por vuestro mentón y un niño pequeño le dice a su abuelo: “Abuelo, abuelo, ¿ese señor está muerto?”.   

 

2. Larson, el hombre con más suerte del mundo (Modernito Books, 2017)

Lugar en el que lo leí: en el sillón de cuero que mi antiguo profesor de cómic tenía colocado en la entrada de su academia por alguna razón que jamás supo explicarme.

El verano no va solamente de no-lecturas, y eso bien lo sabemos los cinéfilos enfermos. Si sois uno de ellos, no hará falta que lo explique, pero por si acaso: los cinéfilos enfermos tenemos una relación tóxica con el cine, y si la vida cotidiana nos absorbe tanto que nos impide pisar la sala durante semanas seguidas, comenzamos a sentirnos mal, a estar tristes, a cabrearnos, a comer donuts rellenos para olvidar y a querer morir. Bueno, tal vez exagere un poco, pero poco, poco, razón de sobra para poner a Javi de Castro entre nuestras lecturas veraniegas: porque “Larson, el hombre con más suerte del mundo”, es una película hecha con viñetas que funciona como un tiro. Una razón perfecta para plegar la hamaca tras unas horas de lectura y avanzar los dos metros que separan tu asiento 1 de tu asiento 2 para cenar cosas que no sueles cenar cuando no estás de vacaciones, con una sonrisa en la boca y un pensamiento: “jejeje, que cabrón el Larson. Menudo pieza”.

 

3. El Rey Araña (Grafito editorial, 2018)

Lugar en el que lo leí: en mi cama, un día que llegaba tarde a un sitio pero aun así me lo terminé (y llegué aún más tarde).

Ya está bien de molar tanto, lectores de cómics. Quiero decir, que ya está bien de postureos. Porque leer a Emil Ferris para que la amiga que te gusta se fije en esos campos de rosas melancólicos y te pregunte “¿qué lees?”, y tú sonrías con malicia porque es el momento perfecto de decirle “un cómic sobre la homosexualidad, la igualdad y el amor prohibido”, es algo muy guay. Pero los cómics también van de cosas poco atractivas para los ojos de muchos como las espadas gigantes y las cabezas reventadas. Y de esto hay mucho en “El Rey Araña”, podéis creerme. Hay cabezas reventadas, miembros cercenados, una mujer rebelde sospechosamente parecida a la de “Brave” y, la joya de la corona, un asno mutante con ganas de comerse el mundo (creo que literalmente). Ya sabéis que el verano es el momento perfecto para leer mamporros y vikingos y aliens, y para preguntarse por qué demonios vivimos en un mundo donde esto no se considera pura poesía visual de alta escritura.

 

4. Tu futuro empieza aquí (nube de tinta, 2017)

Lugar en el que lo leí: en una pastelería, mientras engullía un croissant de chocolate que “no me hacía falta para nada”.  

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De tanto hablar de esa pobre gente que no tiene vacaciones, se nos olvida mencionar a los que no tienen vacaciones porque no tienen trabajo. Estos son verdaderos no-lectores. Yo, que soy una mezcla perfecta entre un nini y un trabajador (santísima investigación de este país de mierda), sé lo que se siente al no tener vacaciones pero vivir eternamente en ellas. Es horripilante. Por eso, esta obra de Isaac Rosa y Mikko es obligatoria para nosotros. “Tu futuro empieza aquí” es un canto de esperanza pero también un generador natural de ácido sulfúrico que puede que ebulla por tu garganta y salga disparado ante cualquier gilipollas que te diga “hombre, es que si no te mueves, poco vas a conseguir”. Sí, sé que el verano no es momento para cabrearse, pero es que cuando uno no sabe ni quién es, el verano se fusiona con el invierno en una amalgama perfecta de indiferencia y frustración.

¿Te queda claro, puto gilip…?, perdón, perdón, es por el cómic, que me ha calado muy hondo.

 

5. Poncho fue (Ediciones La Cúpula, 2017)

Lugar en el que lo leí: el portal de mi antigua casa mientras me torturaban los fantasmas de mi pasado.

El verano puede ser un buen momento para reflexionar y aceptar que eres imbécil. Al menos eso me ha pasado a mí. En parte todo arrancó con este cómic que Sole Otero dibujó con la intención de transmitir una relación tóxica, y acabó siendo todo un tratado sobre lo asquerosamente absurdos que podemos llegar a ser por no comprender la terrible co-dependencia generada en muchas relaciones. Y es que este cómic, dibujado con la pulsión de una dibujante herida, es pura rabia contenida que salta por los aires irremediablemente. Aún más curioso es hacerme fan de Sole Otero y comprender, tweet tras tweet, que es una persona insegura como yo, a la que le duelen las críticas tóxicas destructivas como a mí. Pero desde la tumbona de la playa en la que no estoy porque este año no tengo dinero, yo te digo, Sole Otero, que lo que has dibujado escuece. Escuece verse reflejado en ese hijo de puta que tú proyectas, escuece admitir la verdad de nuestras mierdas tóxicas, y escuece aceptarse cuando das asco, y por eso has levantado ampollas y por eso deberías estar muy orgullosa, así que levanta la copa que yo brindo por ti con una piña colada que no me he pedido porque no me he ido de vacaciones.

Ya, yaaaa, qué mal rollico para terminar, diréis algunos. Y sí, puede que “Poncho fue” sea duro de leer, pero también es duro de ver algunos triquinis masculinos y no por eso dejo de admitir que son necesarios en el mundo (o no).

Lo importante es que toca no-leer todos esos cómics pendientes.

¡Feliz verano (o no-verano) a tod@s!

 

Author: Ángel Abellán

Siempre se me ha dado mal tratar con perspectivas. Se suponía, o eso me contaron, que los puntos de fuga te ayudan a no perderte. Pues mis puntos de fuga son varios: escribo guiones para cómics, colaboro con numerosas publicaciones como Principia Magazine o C'mon Murcia! y, además, soy investigador del CSIC.

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